¿Truco o trato? Los medios ante las plataformas de IA
Ante el uso no remunerado que los LLM han venido haciendo de los datos de los medios, estos se enfrentaban a dos posibilidades: acudir a los tribunales o buscar la firma de acuerdos. Pero la realidad es que la mayoría no puede llevar a cabo ninguna de las dos. Ésta es una de las principales conclusiones del análisis del Tow Center, elaborado a partir de los datos de su rastreador de acuerdos y disputas entre medios y empresas de IA. Una herramienta que recopila los acuerdos de licencia, programas de financiación y demandas identificados en documentos públicos, y que ofrece una visión aproximada del estado del arte entre medios y plataformas
Es importante hacer un seguimiento de quién cobra y quién demanda, pero se pone menos el foco en las condiciones que permiten a un editor decantarse por una de estas estrategias.
Al hacer un seguimiento de las últimas acciones, se observa la complejidad actual de las relaciones entre las plataformas y el sector. Subvenciones, contratos, demandas y alianzas colectivas conviven al mismo tiempo en todos los mercados; incluso un mismo editor puede estar aplicando varias de esas vías a la vez. Algunos ejemplos.
El pasado mes de octubre la Fundación OpenAI repartió 50 millones de dólares entre 163 organizaciones sin ánimo de lucro de Estados Unidos, incluidas 29 organizaciones periodísticas. Una semana después, USA Today Co. demandó a OpenAI y reclamó más de 250 millones de dólares por infracción de derechos de autor.
En esas mismas fechas, una coalición de medios canadienses demandó a Anthropic y Google amplió su programa piloto de licencias con acuerdos que incorporaban a más de 400 publicaciones.
Por otra parte, más de 40 organizaciones de Estados Unidos, Canadá, Europa, Latinoamérica y Asia se sumaron a SPUR, la coalición de la que hemos venido hablando en posts anteriores, que tiene como objetivo establecer criterios técnicos y marcos compartidos para el uso del periodismo por las aplicaciones de IA generativa.
Como se observa los medios están explorando todas la vías posibles para valer sus derechos frente a las grande plataformas de IA:
Octubre mostró que la relación entre los medios y las empresas de IA combina financiación, acuerdos comerciales y conflictos judiciales. La Fundación OpenAI repartió 50 millones de dólares entre 163 organizaciones sin ánimo de lucro, incluidas 29 periodísticas. Una semana después, USA Today Co. Demandaba a OpenAI, reclamándole más de 250 millones por derechos de autor. Mientras, medios canadienses demandaban a Anthropic, Google ampliaba sus acuerdos de licencias y más de 40 organizaciones se sumaban a SPUR para impulsar estándares y marcos compartidos de licenciamiento.
Estas vías no son excluyentes ya que un mismo editor puede demandar a una plataforma, firmar con otra y recibir financiación de una tercera. El informe advierte, además, de que la mayoría de los medios queda fuera de esas relaciones, aunque también sufre las consecuencias de las decisiones de las empresas de IA. La cuestión, por tanto, va más allá de elegir entre firmar o demandar: es quién tiene capacidad para intervenir en las condiciones de uso de sus contenidos.
Firmar y demandar puede formar parte de una misma negociación
De nuevo todas las posibilidades están abiertas, dándose casos de editores que demandan a una plataforma, que licencian sus contenidos a otra y/o reciben financiación de una tercera. También hay medios que han demandado a una empresa de la que antes habían recibido dinero. En este momento todas las posibilidades están abiertas
Pero, existe una diferencia evidente entre los grandes editores con recursos, que pueden permitirse diversificar su estrategia, y el resto. Los contratos permiten obtener ingresos y las demandas sirven para defender sus derechos, al tiempo que refuerzan su posición negociadora. Aunque es evidente que no todos los pleitos buscan un acuerdo, sino una compensación legítima, ni que cualquier acuerdo, por sí mismo, compense a medio y largo plazo lo que se cede, que es mucho.
Se ha extendido la idea de que los medios están optando por los acuerdos con las empresas de IA más que por las demandas. Pero el Tow Center advierte de que contar acuerdos y litigios no basta para demostrarlo: un contrato suele vincular a un editor con una tecnológica, mientras que una sola demanda puede reunir a muchos medios contra varias compañías.
Además, la elección depende de los recursos disponibles. Litigar cuesta dinero y puede llevar años, por lo que queda fuera del alcance de muchas redacciones. Un acuerdo, en cambio, ofrece un pago. Las cifras, por tanto, no reflejan únicamente las preferencias de los editores, sino también sus posibilidades de actuar.
A esto se suma la falta de información. Algunos anuncios identifican solo a unas pocas organizaciones de las decenas o cientos que participan, y otros mencionan a la matriz sin detallar qué cabeceras quedan incluidas. Por eso, el rastreador presentado por el Tow Center es una magnífica herramienta para el seguimiento del estado de las relaciones y sus tendencias, aunque sus cifras requieren contexto.
La geografía y el idioma también condicionan
Estados Unidos aparece como el principal mercado de los acuerdos de licenciamiento entre medios y las grandes plataformas de IA, pero también como el más activo en los tribunales, con 18 demandas por derechos de autor activas en este momento. En Canadá predominan los litigios, mientras que el rastreador identifica una única alianza, entre OpenAI y Village Media. En Australia, en cambio, predominan los acuerdos de contenidos.
En Europa, Dinamarca figura con una sola demanda contra OpenAI, pero la presentó una entidad de gestión que representa a casi toda la prensa del país y sus consecuencias podrían alcanzar al conjunto del sector. Siempre hemos considerado que esta debería ser la vía más efectiva: que el posicionamiento fuera de la industria en su conjunto y no de cada organización por separado.
África es el único continente en el que, según los documentos públicos recopilados, no aparecen editores como parte de acuerdos o demandas con las grandes empresas de IA.
La legislación es, en gran medida, determinante en la diferenciación de estrategias, a lo que hay que sumar los recursos económicos y la capacidad de representación colectiva.
Desde un punto de vista estratégico, tanto el caso danés como el crecimiento de SPUR apuntan a las vías más efectivas para los medios medianos y pequeños, aunque se trata de iniciativas diferentes. La danesa es una entidad que representa colectivamente a los medios, mientras que SPUR es una asociación que ofrece estándares de medición y marcos de licenciamiento.
En ambos casos, la vía sectorial se presenta como la más idónea, en especial para los medios más pequeños, que no disponen de recursos para sostener un litigio que puede durar años y cuya posición negociadora ante los gigantes tecnológicos es limitada. La solución pasa por compartir costes y capacidad de acción.
Para los grandes grupos, la cuestión es estratégica a medio y largo plazo: se trata de valorar tanto el ingreso inmediato como los derechos y las condiciones de uso que quedan recogidos de cara al futuro, más allá de salvar la cuenta de resultados a corto plazo.
Los intermediarios abren otro frente
Además de los contratos directos, están creciendo los modelos de pago por uso y por acceso, gestionados tanto por startups como por grandes tecnológicas. Estos sistemas pueden facilitar operaciones entre editores y empresas de IA y, al mismo tiempo, obligan a examinar quién controla el acceso, quién establece las tarifas y cómo se reparte lo que se cobra.
Los medios tendrán que evaluar tanto la remuneración como el control que conservan sobre sus contenidos y la información que reciben sobre su uso. Sin olvidar el papel de los reguladores, que tendrán que observar las condiciones de acceso a estos mercados, además de los conflictos que ya han llegado a los tribunales.
En definitiva, no basta con mirar los grandes contratos y las demandas: también hay que preguntarse cómo puede el resto de la prensa defender sus contenidos y decidir en qué condiciones se utilizan. El riesgo es que los acuerdos consoliden un mercado en el que solo quienes ya tienen escala puedan negociar, mientras el resto asume las condiciones fijadas por otros. La capacidad de organización colectiva será decisiva para que los medios puedan influir en esas reglas. Lo que está en juego no es solo cuánto pueden obtener hoy sino su grado de soberanía sobre el uso y el valor de su periodismo a largo plazo que dispondrán en el futuro.