De los medios líquidos a la atención líquida
Cuando en 2018 publique el libro Los medios líquidos, quería explicar la transformación profunda que estaba viviendo el ecosistema informativo con la llegada de internet. Frente al modelo tradicional de los medios con estructuras sólidas, con canales de distribución definidos y audiencias relativamente estables, el entorno digital comenzaba a configurar un sistema mucho más flexible, dinámico y cambiante.
Como se vino a confirmar, en los medios líquidos la información ya no circula únicamente a través de un canal controlado por el medios: el periódico, la radio o la televisión, sino que fluye a través de múltiples plataformas, redes sociales, buscadores y dispositivos. La producción, la distribución y el consumo de contenidos se convierten en procesos abiertos, fragmentados y cada vez más condicionados por el comportamiento de las audiencias. Los medios dejan de ser estructuras rígidas para transformarse en organizaciones adaptativas, obligadas a evolucionar continuamente dentro de un ecosistema dominado por plataformas y algoritmos.
Años después, desde el marketing digital y la publicidad ha empezado a popularizarse el concepto de contenido líquido (liquid content), entendido como contenidos capaces de adaptarse a distintos formatos y circular por múltiples plataformas. A primera vista, la idea parece muy cercana a la de los medios líquidos: contenidos flexibles, diseñados para moverse dentro de un entorno digital fragmentado.
Pero en realidad el concepto de liquid content no describe tanto una nueva naturaleza del contenido como la evolución del propio ecosistema mediático que los medios líquidos ya anticipaban. Si los medios se vuelven fluidos, porque las plataformas, las audiencias y los dispositivos cambian constantemente, es inevitable que también los contenidos tengan que adaptarse a esa lógica de circulación.
Sin embargo, hay un matiz importante. Los contenidos no se han vuelto líquidos; lo que realmente se ha vuelto líquida es la atención. En el entorno digital actual la atención se desplaza continuamente entre plataformas, pantallas y formatos. Es móvil, fragmentada, intermitente y extremadamente competitiva. El usuario salta de TikTok a WhatsApp, de un vídeo a un podcast, de una newsletter a un reel, en ciclos de consumo cada vez más cortos.
En muchos casos, el término liquid content funciona, en realidad, como un eufemismo para describir tres grandes transformaciones del consumo digital:
- el predominio de formatos audiovisuales (vídeo y audio),
- el consumo mobile-first,
- y los contenidos pensados para comunidades de proximidad.
Esta proximidad no tiene por qué ser geográfica. Puede tratarse de proximidad cultural, temática o generacional. En el ecosistema digital actual los contenidos que mejor funcionan son aquellos que logran conectar con comunidades específicas, que comparten intereses, códigos culturales o identidades digitales. Aquí es donde aparece un factor clave que está redefiniendo el sistema mediático: los cambios generacionales, especialmente el comportamiento de la Generación Z.
Para esta generación el acceso a la información es radicalmente distinto. Han crecido en un entorno mobile-first, social-first y video-first. No es que no consuman información, sino que la consumen de otra manera: prefieren formatos más inmediatos, visuales y conversacionales. El vídeo corto, el audio, los clips, los memes o los contenidos explicativos breves sustituyen muchas veces al texto largo. Esto no significa necesariamente que los jóvenes no lean, pero sí que leen menos textos largos y lineales. Su forma de informarse está más vinculada a flujos de contenido, recomendaciones algorítmicas y entornos sociales. La información se consume integrada dentro de la experiencia digital cotidiana.
En ese sentido, lo que estamos viendo no es tanto una revolución del contenido sino una transformación de la atención. La atención se vuelve líquida porque circula entre plataformas, comunidades y formatos con enorme rapidez. Por eso, el verdadero desafío para los medios no consiste en producir “contenidos líquidos”, sino en aprender a navegar en un entorno de atención líquida: móvil, fragmentada, distribuida y profundamente condicionada por las lógicas de las plataformas.
En cierto modo, el concepto de medios líquidos ya anticipaba esta realidad. Si el ecosistema mediático se volvía flexible, distribuido y en permanente cambio, también lo harían las formas de consumo y la relación entre medios y audiencias. La transformación que vivimos hoy no está solo en el contenido. Está en cómo circula la información, cómo se construyen las comunidades y cómo las audiencias deciden, durante unos segundos, prestar atención.